jueves, 18 de junio de 2009

Esquizoscopio

Está sola y te odia
está secándose a fuego lento, despotricando contra tu ausencia y tus mensajes
Te odia, está sola con un desdén de la vida
que se deposita en los charcos sucios de esta lluvia tozuda e insensata.
Ya no aguanta esperar, el cuerpo se le tuesta de adentro hacia afuera.
No puede ver el sol por el sueño que casi siempre es más una pesadilla de madrugada surrealista que la aturde;
tampoco puede cerrar los párpados imitando alas de mariposa en un gesto de agradecimiento ante la oscuridad.
Ya no quiere escucharte hablar en su cabeza,
dice que ya tiene suficientes voces que la deliran.
Está harta de pensarte lavando los platos con ella,
oliendo su aroma, viéndola mientras duerme o se cepilla el cabello
quiere que la matés y vayás huyendo a esconderte en su rincón.
No aguanta seguir comparando el mundo con los colores que le gustaba enumerar dentro de tus ojos.
Está sola y cansada, ya no quiere hablar de nada
Te odia porque no puede quererte más
se odia porque no consiguió aprender a desquerer
le gustaría guardarte bajo la almohada junto con sus dientes y esperar un hada que en vez de ellos deje monedas y a cambio tuyo algunas esperanzas
Ya no quiere seguir jugando a las escondidas con su felicidad
Se está quebrando y nadie la va a venir a pegar
no quiere ir sola a los cines ni a las salas de exhibición de los museos,
quiere besos con vino, cartas que traigan abrazos, canciones susurradas, miradas tan vitales como el pan.
Pero sigue sola
Anda vencida
Está sola y te detesta... y no te va a buscar más
porque aun antes de empezar a odiarte vos habías decidido que te ibas a marchar.

martes, 9 de junio de 2009

sábado, 6 de junio de 2009

Consecuencias

.
I.
Estos días van marchitos como un vagón de amargura recubierta de moho
vos aun sos irremediable en las noches anónimas y sobrias que imploran estrellas aunque haya que enchufarlas
mientras apilo montañas de horas sin olvido, todavía seguís
entre esos escondites que cuando necesito
no me alegran con mentiras porque ya son como esos libros
que lanzan bombas de tormento
y escupen en lo más blando de la cara la terrible realidad.

II.
La vida se me quiebra como una burla o un sarcasmo
(¿Acaso nunca has querido que muera quien tenés más cerca y se
retuerza en su inmundicia para llorarle luego como sintiendo una pena?)

III.
desearía que te murieras por las calles, que te arrancaran el corazón del pecho
y me lo vendieran como quien vende brillantes postales
desearía que te murieras para resucitarte, para condenarte conmigo
para que estuvieras igual que yo, convertida toda en un cáncer terminal
mientras me entierro las uñas en el hígado
y en vez de boleros arpegio maldiciones por todo aquello que perdí.

IV.
Después amaneció este otro momento, ya nada es igual.
Hoy me senté a esperar una disculpa de la vida
que se me cayeran con los ojos las telarañas que se han hecho
en mi parte que vos dejaste hace muchos cigarrillos olvidada.
Pero ya la calle está con pena de que no hayás vuelto a pasar
mientras a los cangrejos los echan de nuestros sueños
y adentro dos látigos me flagelan: uno por culpas y mentiras
el otro por el suicidio de esta verdad.

Fusión (Aquella María Patricia)


Y pensar que creí que la había dejado perdida en alguna esquina de bar o cuarto barato de motel, quizá entre cartones de vino malo y resacas que duelen más en la conciencia que en el hígado marchito y humillado.
Creía que a fuerza de excesos esa muchacha de noche y de gatos colgaba junto a los cuadros viejos de las cantinas que cantan amarguras olorosas a ron y a colonia empachosa. Ahí donde se apoyan en los respaldares carcomidos espaldas tristes resignadas a no olvidar: que toman para recordar con más fuerza que el olvido como esas prostitutas marchitas que inventan nombres y sueños en el espacio infinito que habita entre un cuerpo y un pantalón (total la memoria siempre abraza, es consuelo ante el golpe de haber vivido).
Por mucho tiempo esperé ver en la portada de los diarios el cadáver roto de esa María Patricia, con qué ansias revisé los obituarios y asistí a todos los funerales rebosantes de color y de flores (como una primavera feliz) que hubo en esta corroída ciudad. Me mezclé entre el ruido y las botellas que van quedando vacías, pero nunca más la volví a ver. Me interné voluntariamente en ese mundo hasta soñar con conejos haciendo el amor, y no volví a ver a mi otra cara, tal vez la más real de las dos…
Me despedí de su memoria y la guardé en la cajita en la que ahora habitan imágenes tuyas, para que no volviera a salir esa mujer que solo brillaba a la luz de los excesos y que desaparecía con los delirios que dejan las copas que trepan coléricas hasta la cabeza y atacan como arañas venenosas.
Pero no me pude resistir ante esta sorpresa, y solamente hoy en la mañana cuando me descifraba frente al espejo vi que quién estaba encerrada junto con la memoria era yo, mi yo máscara, mi yo mundo mentira y muralla, me encontré convertida en ella, ahora yo: María Patricia, y tal vez todo fue solo para que le escribieras otra carta como cuando creíamos que era nada más una chica imaginaria que bailaba entre sombrillas con los tigres de Tircania.