viernes, 14 de julio de 2017

Almuerzos (ii) Encuentro de amantes


Él da vueltas a la copa y luego capta su olor
Ella mira, en planos distintos, está ahí pero repasa más allá
Ahora él dice algo que la hace reír
y recuerda el momento en el que la alegría era habitual
Tal vez quieran morderse las manos y besarse los miedos
dejar en la puerta las lejanías que ahora solo sirven para recordar
el efecto frenético que provoca en cada uno el olor
que habita entre el cuello y la pasión negada
Ella podría estirar su pie por debajo de la mesa
Colocarlo entre sus piernas y acariciarle la erección
O él podría deslizar la mano bajo sus enaguas
y tocar una sinfonía en medio del aguacero que la diluvia
mirándose a los ojos sin sonrojarse,
la complicidad del mundo que no se entera de lo esencial.

Algo pasa entre el instante del deseo y la compulsa resignación
Ordenan una pizza que condimentan con relatos que no presentan mayor novedad
Recuerdan pasajes tontos sucedidos cuando era más fácil quererse que hablar
Repasan libros y autores, caras conocidas, canciones
Ya nunca mencionan la palabra amor

Ahora se separan, él toma un taxi apresurado mientras ella insiste en caminar
Entre cada paso extraña más el beso que no le dio
y la despedida tan distante le marca signo de interrogación en el vientre
piensa que tal vez ya no la quiere
la sorprende el teléfono que suena
mientras él se recorre la vitrina móvil que constituye la calle en movimiento
 ha juntado valor para mentir o para al fin decir verdad
se muerde los labios, presiona una teclas
le dice que la va a extrañar
mientras el mundo cruje en las esquinas
como un plástico arrugado queriendo ser ventanal.

2013

jueves, 13 de agosto de 2015

Espectadora

Me siento uraña
mezquina como un zopilote entre la basura
la secretaria de la vida
que solo toma sus mensajes y apuntes
el extraño de la esquina del aula
que nunca participa
un gato
por la ventana
viendo esa lluvia,
la vida mía
como la de alguien más

viernes, 11 de abril de 2014

Almuerzos (i) - Laboral


Se sortea entre horas de fábrica, polvo de cemento y sudor
o pilas de papeles con grapas y membretes
y llega ansiada, como un regalo o un premio se espera
Con suerte será una hora, que desea ser eternidad
una celebración diaria, como el año nuevo de cada día
tan normal y tan imprescindible,
pausa básica y vital
reapropiación de los minutos y de la vida
momento único cuando se vuelve a tener decisión, poder y control
reivindicación del tiempo como nuestra propiedad
se deja en rincón o un cajón del escritorio toda plusvalía
y los colegas empiezan a tomar forma humana
forma de chiste y risa
y algo traído acaso para compartir
tazas con comida como trofeos, recuerdos del hogar
tapas plásticas que chorrean olor a cariño
en diminutas gotas condensadas
antes de volver a trabajar.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Nunca antes me habías saludado con un beso en la boca



Después de decirme que no te gustaban los gatos
Mojaste tus dedos entre mis piernas
reconociste un sabor distante
más tarde me pedirías que te la chupara en el asiento de atrás
solo para recordar que las coversaciones pueden ser eternas
y que podés reiventar la palabra infidelidad
Encima de las mesas sonaba una horrible canción que decía te amo
y acordamos ignorarla haciendo un pacto de incomodidad
sin detener la trayectoria de un beso.
Si aun tuvieras el pelo verde, tal vez me dejarías usar tu rifle
Y tendríamos un mauser que mata el pasado
Un perro que contrarreste esas ocho patas felinas
Y otra juventud que nos ayude a decidir
o por lo menos a esperar

miércoles, 28 de agosto de 2013

Bien so...

I.
¿Qué te hacés cuando te vas?
¿Adónde es que te vas con esos ojos que fusilan incertidumbres?
Pienso en vos y en mí, en nuestra complicidad
y los que esperan en casa junto a muebles y culpas
A fin de cuentas ni nosotros lo sabemos bien
¿pero qué putas es verdad?
¡pero qué puta es la verdad!

II.
Te extraño, como siempre,
pero más que siempre cuando dejás rastros:
el tacto que perdura rebelde y necio frente a las distancias,
el olor traspasado, que testifica la ausencia de espacio entre los dos;
cada detalle de la geografía recurrente de tu cara, tus manos y tu pantalón.

III.
¿Cuál es tu regreso?
Es decir,  no sé si volvés a mí como si llegaras
de nuevo a la habitación de tu infancia
o si soy el escape prohibido que valida tu regreso al hogar
¿qué más posee cada una en tu vida?
Saco tus cuentas y como saldo no sé qué me corresponde.

IV.
No tengo más disquisiciones
las vueltas que sigo dando ya no son para entender
y nada importa si total me decido a creerte
porque tengo un vacío de necesidad
Que debe bastarme recordar que te vi y me besaste con la sorpresa de tu lengua historiadora
y las obligaciones cruzaron calles y tiempo para arrastrarte a ese sitio
donde solamente queda mi nombre como maldición e ironía
para recordarte que sigo acá contándote toda disponibilidad
y confesando que que hoy que ya no estás
no me atrevo a pedirte otro encuentro
a reclamarte ciertas promesas
a decirte que me haces falta
o mandarte un mensaje al celular

jueves, 8 de agosto de 2013

Un día triste

Miserable
me siento opaca
como una copia mal hecha o una foto desteñida.
El mundo no me habla
a pesar de la ternura de las niñitas que tocan
el piano a manotazos o juegan a ser fantasmas terribles.
Tengo la impresión de las actrices que fueron famosas
y ya nadie recuerda en sus abluciones clandestinas.
Esta trsteza de hoy
no es igual a cualquiera,
cala en lugares inhabitados y
clausurados
es honda y abnegada, va más allá de cualquier nosotros
de él y de vos.
Hoy me siento una sombra, un cuerpo de llanto que intenta
escaparse de mi cuerpo-piel
un malestar
un beso de Judas en los labios
un nudo de palabras atragantadas
o una sonrisa torcida
atascada como una pelota de navajas
bajando por la garganta
como cada trago de miedo y de final

martes, 29 de mayo de 2012

En Transilvania se  morían los gorriones
por exceso de dignidad tardía
o por pura falta de vos
y en el precipicio que se abre en la comisura de estos labios
saltaban exánimes los besos suicidas
al abismo de la oscuridad que no tiene tu cuerpo

Se te puede decir cuánto se te extraña
se te puede llenar la puerta y el jardín que fue de tu abuela y el buzón recién pintado
con fotos y cartas y poemas, con respuestas y perdones y querámonos otra vez
pero solo suceden obituarios de tus idas sin despedida
que incomodan y aterran como el pasar de una cucaracha
o una canción que acaba sin resolver su nota final.

Hay una tempestad muda sin tus manos
y mientras llueven añoranzas torvas y entumecidas de no volver a hablar
todo el mundo se va volviendo Transilvania
oscura
gris
obstinada
digna y fuerte
desolada.